2. Grecia y Roma

Para la historia de los estilos occidentales, la Antigüedad se vuelve clásica cuando en la Atenas del siglo V AEC se remplaza la figuración geometrizada o abstraizante (como vimos, común a todo el arte antiguo) por la figuración naturalista. El estilo naturalista –la búsqueda de la máxima precisión en la imitación de la naturaleza– no lo inventaron los griegos, pues se trata del mismo estilo registrado en épocas tan remotas como el paleolítico (Cueva de Altamira) y las diversas culturas arcaicas lo emplearon también en sus representaciones de la naturaleza y la vida cotidiana, si bien para el género áulico reservaban el estilo geométrico. Pero los griegos sí fueron los primeros en utilizar el estilo naturalista de forma sistemática para toda producción plástica, ya fueran estatuas de atletas, dioses o gobernantes, arte público o privado, o decoración figurativa aplicada a la construcción arquitectónica e interiorista.
A
1. EL ESTILO CLÁSICO
Decimos que un objeto de diseño  es de estilo clásico antiguo cuando ha sido decorado bien con figuras de estilo naturalista, bien con adornos que son propios de los llamados órdenes o sub-estilos clásicos: dórico, jónico, toscano (o etrusco), corintio, compuesto.
Siguiendo con nuestro razonamiento estilístico, los órdenes dórico, toscano y jónico  serían los menos clásicos de los estilos grecolatinos porque sus componentes son todos ellos geométricos (piezas cilíndricas, collarines, triglifos, volutas, ovas). Esto es lógico pues se originaron en tiempos arcaicos, entre los siglos VIII y VII AEC.
Por el contrario, el orden corintio, datado en el siglo IV AEC, ya incorpora decoración natural esculpida con precisión naturalista: hojas de acanto, una planta muy común en Grecia.

Monumento a Lisícrates en Atenas,
el más antiguo vestigio del capitel corintio, s. IV AEC.
Esta innovación decorativa no eliminará necesariamente la decoración geométrica; continuará elaborando frisos de damero, meandros y olas, e incluso serán incorporadas volutas al capitel corintio.
Por fin, también caracteriza al estilo clásico la decoración superficial por medio de candeleros y grutescos, esto es, sumas de elementos heterogéneos (generalmente amorcillos, pero también quimeras o animales fantásticos) enzarzados entre roleos vegetales o candeleros.

2. INTERIORES MONUMENTALES  
Los templos griegos eran concebidos como capillas donde admirar la estatua del dios. Al escultor Fidias se debieron las recreaciones divinas más famosas del siglo V AEC: Atenea, en Atenas, y Zeus en Olimpia, fueron colosos de oro y marfil cuya cabeza rozaba el techo de la nave que los cobijaba. Con la debida combinación de estudiada penumbra  y cierta dosis de credulidad, la contemplación de aquellas figuras debía resultar casi aterradora. Por desgracia, no conservamos ninguna de ellas (a decir verdad, no conservamos ni las naves de sus correspondientes templos) y hemos de conformarnos con recreaciones.
Atenea en el Partenón, Atenas
Zeus en su templo, Olimpia.

 







Como vemos, los griegos no adelantaron a los egipcios en la concepción del espacio religioso: continúa siendo un mero estuche donde contener un ídolo.
Elaboraciones espaciales más complejas, aunque igualmente desaparecidas, se experimentaron en las ciudades de Cos y Dídima. La acrópolis de Cos, al contrario de la célebre ateniense, no se planificó como un recinto abierto sobre el que asentar una colección de templos como quien distribuye muebles en un salón, sino como una vía procesional de tres terrazas que regalaban al peregrino la sorpresa de descubrir progresivamente el santuario y terminar en lo más alto. De algún modo, podemos decir que se trata del santuario más antiguo conocido donde el diseñador ha planificado la "narración" del espacio en capítulos generando una suerte de viaje iniciático. Con mayores dosis de espectacularidad, los romanos construyeron un pasmoso santuario adosado a una colina en la antigua Praeneste, hoy Palestrina.
Reconstrucción del santuario de Palestrina, Italia.

Templo de Asclepio, en Cos.









El templo de Apolo en la ciudad de Dídima (Turquía) reservaba inquietantes sorpresas al visitante, incapaz de acceder a la nave del ídolo una vez superado el vestíbulo. Por el contrario, lo obligaba a descender y atravesar un tenebroso pasadizo, un tunel acaso  recuerdo de la cueva oracular, después del cual recibía un golpe de luz ya que no desembocaba en la nave del dios sino en un patio completamente abierto sobre el cual se había erigido un templo de menor tamaño. Parece que además contaba con escaleras que permitían ascender a la cubierta para solaz de la vista. Este modelo debió de alcanzar cierta fama, pues el templo de Apolo en la Pompeya romana también escondía un templete dentro de un patio.
Planta del templo de Apolo, Dídima.

Patio del templo de Apolo, Dídima.












En Roma, el Panteón diseñado por el general Agripa y reconstruido por Adriano en el siglo II de la Era Común constituye la pieza de decoración interiorista más notable de la Antigüedad clásica. Destaca el diseño en perspectiva de la decoración cupular, fragmentada con casetones de tamaño decreciente según nos acercamos a la linterna. La ordenación de las paredes por medio de nichos rematados por frontones triangulares y redondos en alternancia servirá de ejemplo no sólo a la decoración clásica posterior al siglo XV, sino incluso al diseño de las fachadas renacentistas. La amplitud del espacio central, superior a los cuarenta metros de diámetro, impresiona aún en el siglo XXI con su contundente mensaje de totalidad. Se trata sin duda del primer monumento concebido como proyecto interiorista antes que como arquitectura.
Parece que tampoco desmerecía la decoración del principal espacio recreativo romano: las termas, conjunto de baños, piscinas, jardines y biblioteca. El vestíbulo de las termas de Caracalla aún podemos contemplarlo porque fue reproducido en la Estación Central de Nueva York.  
Panteón, Roma.


Central Station, Nueva York.


3. LA CASA GRECOLATINA Y SU DECORACIÓN
La casa grecolatina pertenece a la tipología oriental de casa con patio introvertida. Es decir, desde el exterior, desde la austera fachada que da a la calle, nada puede intuirse de la distribución y la decoración interiores. Lógicamente, pasear por aquellas calles no debía ser un placer arquitectónico al carecer de fachadas dignas de ser admiradas. Más aún, a menudo la estrecha fachada se alquilaba para que los comerciantes ubicaran sus tenderetes, de modo que el paseante sólo apreciaba de cada vivienda el portal.
La casa ideal fue descrita por Vitrubio y consta de dos peristilos (patios rodeados de columnas): alrededor del primero hallamos la zona pública y exclusiva de los hombres (androceo); en torno al segundo, la zona de mujeres o gineceo. El patio funcional es aquel construido bajo un tejado a cuatro vertientes (compluvio) que escurren el agua dentro de un aljibe rehundido en el suelo (impluvio).
Casa ideal según Vitrubio,
con establos a la entrada y dos peristilos.



Sección de casa ideal inspirada en Vitrubio.


Vista del  atrio compluvio
en una recreación de casa romana.

Atrio con impluvio.








El comedor era la estancia principal y mejor decorada porque se empleaba para el desarrollo de la vida social. Allí el hombre griego y romano celebraba sus banquetes y simposios (charlas y orgías posteriores a la cena) animado por sus amigos, las prostitutas y las hetairas; las mujeres de la casa no podrán asistir hasta bien avanzado el Imperio romano. Los comensales se recostaban sobre mullidas poltronas o sobre un poyete de construcción en forma de U -llamado en Roma triclinio- y alcanzaban los alimentos dispuestos sobre las mesas trípodes.  
La decoración no existía en la casa griega: tierra apisonada para el suelo y paredes desnudas. Por el contrario, la vivienda romana de las clases pudientes se presentaba sencilla al exterior y colorista y suntuosa dentro: frescos en las paredes, mosaicos en el suelo, artesonados de vigas decoradas en los techos, así como cortinas y cojines. Las ruinas de Pompeya y Herculano nos han descubierto paredes pintadas con trampantojos que simulan ventanas abiertas a paisajes primaverales y construcciones fantásticas,  y estucos que imitan las vetas del mármol.
Calidarium ("Bano turco") en Pompeya.

Casa de los Vetius, Pompeya.


Casa de los Vetius, Pompeya.



Casa de los Vetius, Pompeya.










Los palacios difieren en grandeza de una casa común, pero no en estructura y organización. Como curiosidad, la Casa Dorada de Nerón (Domus Aurea) contaba con un salón del trono octogonal. Descubierta a principios del siglo XVI, sus grutescos de fino dibujo, encontrados también en Pompeya, darán lugar a una moda decorativa en la madurez del Renacimiento (siglo XVI) y sobre todo en el neoclasicismo inglés (siglo XVIII). 
Recreación del octógono de la Domus Áurea.








Grutescos en la Domus Áurea.

Grutescos en la Domus Áurea.

Grutescos en la casa de
Octavius Quartio, Pompeya.







4. EL MUEBLE
Debemos recordar que hasta hace apenas un centenar de años, muebles y ropas eran consideradas artes suntuarias antes que objetos comunes. Su precio era muy elevado y se incluía en las herencias como bienes muebles. Cuando hablamos de muebles antiguos, siempre nos estamos refiriendo a posesiones de las clases adineradas.
El material del mueble griego es la madera, que ya entonces se decoraba con las técnicas que le son propias: el tallado, el torneado y la marquetería. Los romanos de alcurnia incorporaron el bronce en lechos y trípodes, mientras las clases populares sacaban partido del mimbre. 
Los muebles grecorromanos más conocidos son los de asiento: silla de tijera (gr. disfros), silla de patas divergentes (gr. klismos), butacas envolventes de mimbre, etc. Los romanos, además, contaban con una tipología específica de mueble de asiento: el bisellium, adelantado por un escabel donde reposar los pies. Ofrecía una imagen señorial del amo de la casa.   
Las fastuosas mesas de mármol romanas se denominaban cartibulum y reposaban sobre trapezóforos de talla virtuosa que recreaban cabezas de león. Las mesas de bronce ligeras, los tripodes, tenían igualmente patas zoomórficas.
Hasta el final de la Edad Media no habrá armarios. Las cosas se guardaban en arcas o cofres de tapa plana o curva (baúles). 
Interior romano en el Metropolitan Museum,
Nueva York. Paredes con trampantojos,
suelos de mosaico y asiento bisellium.
 
 

Trípodes romanos.
 

  


Silla o klismos realizada según modelo griego.



Trapezóforos de un cartibulum o mesa romana.


Cama.

Cama de bronce.


Triclinio.

































5. LA CIUDAD
La ciudad ortogonal es rara en Grecia (Mileto, Olynthos) pero muy común en el Imperio romano, donde las fortificaciones militares dieron lugar a numerosos núcleos urbanos. Las avenidas en dirección Norte-Sur se denominan "cardos", y las de dirección transversal, "decumanos". Traemos el plano de Pompeya. Obsérvalo con atención y podrás descubrir las instituciones principales (foro o plaza principal, teatros, anfiteatro), así como la regularidad de las manzanas.

Plano de Pompeya.